9 de mayo de 2015

Dead Kitty

Un día del año 98' me encontré con Kitty. Una ex-compañera de kinder.
Nos descubrimos mutuamente y conversamos como si nada.
Nuestras amigas eran amigas.
De inmediato formamos una pandilla. Salíamos de día y de noche, fumábamos cigarrillos,
compartíamos ropa y el gusto por algunos chicos.

Kitty era la niña más linda que había visto: mejillas rosadas, pelo denso y ondulado, boca roja.
Cuando la descubrí llevaba: abrigo color naranja, medias de glitter, zapatos de nube y lentes.
Nuestra conversación favorita era sobre ideas inconclusas, sueños e imaginaciones. 
Escribíamos todo en nuestros diarios.

Kitty olía a jazmín, las abejas se posaban sobre sus hombros.
Su cama de acolchado negro absorbía el sol y reflejaba la luna.
Como un espejo su boca sonreía frente a la mía,
cuando intentábamos recordar cual de las dos había ganado el concurso de dibujo.
Yo digo que tú, yo digo que tú.

Dejé de verla por un tiempo hasta que por la calle vi su grafitti,
un gato muerto.
Como era la niña más genial la llamé por teléfono:
- Aló, hola Kitty. Salgamos a pasear, y me cuentas qué sabor tienen las tortas de novia.

Fuimos a la ropa u.s.a a buscar un vestido de encaje para una fiesta.
Muy agitadas preparamos la noche, quedó perfecta con sus estrellas titilando,
todo un paisaje de Little Twin Stars.

¡Adiós amiga, no nos separaremos nunca!
Llevamos los mismos calcetines, tenemos cosas en común.
Nos despedimos de sorpresa, como siempre Kitty olía a flores.